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Warren Harding o Peña Nieto?

File:Warren G Harding-Harris & Ewing.jpg

Ayer como a las dos de la mañana, cuando el tiempo se me acababa y debía mandar mi tesis, tomé una pausa. Si, lo se, cómo se me ocurre, pero había momentos en que mi cerebro no funcionaba correctamente para seguir escribiendo. Durante esa pausa tomé un libro que he leído muy lentamente justamente por tanto trabajo que tengo. El libro se llama Blink. Lo que leí era la introducción al tercer capítulo, una traducción más o menos libre sería la siguiente:

Temprano una mañana de 1899, en el jardín trasero thel hotel Globe, en Richwood Ohio, dos hombres se conocieron mientras les saran brillo a sus zapatos. Uno era un abogado y cabildero de Columbus, la capital del estado. Se llamaba Harry Daugherty. Era un hombre hombre gordo con cara rojiza y cabello negro y era un hombre brilliante. Era el Maquiavelo de los políticos the Ochio, el clásico manipulador de escenas, alguién con una hábilidad y perspicacia para juzgar el caracter de las personas.El segundo hombre era un editor de periódicos del pequeño pueblo de Marion, Ohio, que en ese momento estaba a una semana de ganar la elección al senado estatal. Su nombre era Warren Harding. Daugherty miro en dirección a Harding y se impresionó con lo que vio. En palabras del periodista Mark Sullivan:

Harding era digno de mirarse. Tenía en see moment alrededor de 35 años. Su cabeza, facciones, hombres y torso tenían algo que llamaba la atención; las proporciones entre ellos creaban el efecto que en cualquier hombre en cualquier lugar más que justificaría el término guapo — años después, cuando fue conocido más allá de la comunidad local la palabra “Romano” se usaría ocasionalmente para describirlo. Mientras bajaba de la banca, sus piernas resaltaban las notables y agradables proprciones de su cuerpo; y su ligereza de pies, su postura y su porte se sumaban para crear la impresión de gracia y virilidad. Su flexibilidad, combinada con su tamaño y sus grandes y brillantes ojojs, cabello lacio y negro y complexión bronceada le daban algo del atractivo de un indio.  La cortesía con la que le cedía el asiento al otro cliente sugerían amistad geniuna hacia toda la humanidad. Su placer en la atención del limpiabotas reflejaban una consciencia acerca del vestir inusual para un hombre de un pueblo pequeño. Sus modales mientras daba la propina sugerían una naturaleza buena y generosa, un deseo de complacer, basado en el bienestar físico y en un corazón sincero y amable.

En ese instante, mientras Daugherty lo contemplaba, le vino una idea que cambiaría la historia de los Estados Unidos: ¿No haría este hombre un gran presidente?

Warren Harding no era un hombre particularmente inteligente. Le gustaba jugar poker y golf y beber y, más que nada, conquistar mujeres; de hecho sus apetitos sexuales eran legendarios. Mientras ascendía de un puesto político al siguiente, nunca se destacó. Era vago y ambivalente en materias de política. Sus discursos fueron alguna vez descritos como “un ejército de frases pompuosas moviéndose en el paisaje buscando una idea.” Después de su elección al Senado de los Estados Unidos en 1914, estuvo ausente en los debates sobre el sufragio de las mujeres y de la Prohibición — dos de los temás políticos más grandes de su tiempo. Su avance constante desde la polítical local de Ohio se debió únicamente al empuje de su esposa, Florence, y al manejo escénico del intrigante Harry Daugherty y porque mientras más viejo se hacía, también su apariencia se volvía más irresistiblemente distinguida. Alguna vez, en un banquete, un seguidor dijo “Bueno, el hijo de perra se ve como un senador,” y era cierto. En su años cuarenta, el biografo de Harding, Francis Russell, escribe sus “oscuras cejas negras contrastaban con su cabellos gris acero para dar la impresión de fortaleza, sus grandes hombros y complexión bronceada daban la impresión de salud.” Harding, de acuerdo a Russell, se podría haber puesto una toga y entrar al escenario de una producción de Julio César.  Daugherty arregló que Harding se dirigiera a la convención Republicana de 1916 porque sabía que la gente sólo tenía que ver a Harding y escuchar esa magnífica y sonora voz para convencerse de su dignidad para un mayor puesto. En 1920 Daugherty convenció a Harding, contra su propia voluntad, de competir por la Casa Blanca. Daugherty no bromeaba, hablaba en serio.

“Daugherty, desde el día que se conocieron, traía en el fondo de su mente la idea de que Harding sería un ‘Presidente grandioso.’ ” Sullivan escribe “A veces inconscientemente, Daugherty lo expresaba, con mayor fidelidad a la verdad ‘un Presidente que se vería grandioso.’ ” Harding llegó a la convneción Republicana ese verano en el sexto lugar entre seis candidatos. Daughery no se preocupaba. La convención estaba atorada entre los dos candidatos punteros, así, predijo Daugherty, los delegados se verían forzados a buscar una alternativa. ¿A quién más se volverían en ese momento desesperado, si no al hombre que radiaba sentido común y dignidad y todo aquello que era presidenciable? En las primeras horas de la mañana, mientras se reunián en los cuartos traseros llenos de humo del Hotel Blackstone en Chicago, los jefes del Partido Republicano alzaron sus manos y preguntaron ¿No había ahí un candidato en el que todos pudieran coincidir? Un nombre les vino de inmediato a la mente: ¡Harding! ¿No se veía exactamente como un candidato presidencial? Así, el senador Harding se convirtió en el candidato Harding, y más tarde ese verano, después de una campaña conducida desde su porche en Marion, Ohio, el candidato Harding se convirtió en el Presidente Harding. Harding sirvió dos años antes de morir inesperadamente de un infarto. La mayoría de los historiadores concuerdan en que fue uno de los peores presidentes en la historia de los Estados Unidos.

Obviamente cuando leí esto se me vino un conocido personaje mexicano a la cabeza: Peña Nieto. No muy inteligente, no muy leído, no muy culto, pero guapo. Me imagino perfecto a algún personaje nefasto del PRI conociéndolo, a lo mejor cuando todavía era adolescente y pensando, este muchacho se vería muy bien de presidente y entonces poner una maquinaria detrás para llevarlo, hoy a un paso de llegar. Lo que yo me pregunto es si habrá suficientes personas en México que logren superar el efecto Harding, o tendremos que aguantar seis años para darnos cuenta que es uno de los peores presidentes que México podría tener. O al menos el peor preparado, ya sabemos que para los mexicanos el peor presidente es el que está en el cargo.

P.D. Todos los derechos de Blink son propiedad de su autor, si quieren leer más compren el libro.

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Hielo y nieve

Se fue, tan rápido cómo vino, y casi sin dejar huella. Excepto por el hielo que todavía se ve en los canales (o se veía hoy en la mañana) y por algunos puntos blancos aquí y allá, que se derriten en cuanto los pisas o cuando pasas la bicicleta por encima, ya podría decirse que empieza a parecer primavera. Me gustaría un poco más de frío, un poco más de nieve, un poco más de hielo. Pero estoy contento de que amenos tuvimos algo. Hace diez días, tal vez once, parecía que no íbamos a tener invierno en lo absoluto. Hacía frío, pero no demasiado, alrededor de uno o dos grados, con mucho viento a veces, y si caía algo era lluvia. La fea lluvia.

Pero llegó el viernes 3. Yo estaba cansado después de que los dos días anteriores había estado fuera de Delft. Al ver por la ventana se veía frío. “Bastante frío” diría la mama de Nicola. Decidí quedarme a trabajar en mi casa. No tenía gripa, pero sentía que podía empezar. Abajo, me hice algo de desayunar y después abrí mi computadora en la sala para empezar a trabajar. En algún momento volteé a la ventana. No se si les pase a todos, pero para mi ver los copos cayendo lentamente al suelo y sonreír es casi simultáneo, en especial si es la primera nevada del invierno. Puedo pasar horas viendo nevar y viendo cómo la calle, los techos, los coches y las bicis se cubren de blanco. Subí, desde mi balcón veía los balcones de todas las casas cubrirse con esa capa de nieve. Abrí la puerta, saqué la mano, di un paso. Sonreí de nuevo. La nieve y el hielo le dan al invierno y al frío un nuevo sentido. El invierno pasa a ser sólo una temporada gris, sin plantas y sin sol, a cubrirse de blanco. Hasta se siente que hay más luz, y en cierta forma la hay. Las calles silenciosas con gente que pasa lo más lento posible y evita salir al máximo se llenan de niños (o no tan niños) jugando, corriendo, riendo.

Cinco o seís días después ha hecho suficiente frío para que se congelen los canales. Si hubiera hecho un poco más de frío o por unos días más, se hubiera organizado la carrera de las once ciudades. Al principio puede sentirse inseguro, pero no pones un pie, pateas, el hielo aguanta, y antes de que te des cuenta estás caminando por el canal. Al principio te preocupa oír un crack, a veces lo oyes, pero no pasa nada, sigues caminando. Te encuentras a un pato. Yo siempre platico con ellos. El único problema es la falta de patines. De no ser por ello, hubiéramos ido a los molinos. Frío y calor al mismo tiempo, porque cuando es invierno y haces ejercicio siempre te da calor, aunque partes de tu cuerpo se estén congelando.

Cinco días más. En la mañana nieva otro poco, la segunda del año, en la tarde sube la temperatura y llueve. Se lleva casi todo. Lo que no, desaparece en la noche. Es lunes, ay que ir a trabajar. Queda poco hielo, los canales se ven mojados. Y la memoria del invierno empieza a desaparecer. Queda el recuerdo de la sopa (ertwen soep), del chocolate, del te, del gluhwein. Y de los diez días que parecen veinte, porque en invierno todo pasa más lento, pero que quisieras que fueran cien. Me gustan las otras estaciones también, pero el invierno tiene algo especial, siempre y cuando haya hielo y nieve.

De libros y mexicanos

sin el ánimo de defender a Peña Nieto, porque no lo tolero y no aguanto que la gente siquiera considere votar por el, y sin considerarme un ejemplo de lector pero seguramente arriba del promedio Mexicano (me leo aprox un libro al mes) no podría yo definir mi vida con tres libros… Más aún (y en eso tenía él más o menos razón) yo cuando leo me olvido de títulos y autores y me concentro en el contenido… En conclusión, parece ser que hay dos tipos de lectores, los que leen para ellos y los que leen para impresionar a los demás con su “cultura” …a mi, me deja más el contenido que el título o el autor.

Cuando puse eso cómo mi status (¿o en español debería ser estatus?) de facebook sabía que iba a ser un poco polémico. Lo que no me imagine es que un amigo lo pegaría en su muro y me viera involucrado en una discusión bastante interesante con gente que no conozco.

Mi comentario ha traído muchas respuestas: que trato de defender lo indefendible, que si una persona quiere ser presidente tiene que leer, que por lo menos hubiera mencionado los tres libros que se le ocurrieran, en fin. Puede ser que tengan razón, pero lo que no pueden negar es las razones que causaran que yo hiciera ese comentario.

Por un lado creo que la respuesta a la pregunta “¿Cuáles son los tres libros que más han marcado tu vida?” debería ser más razonada que simplemente mencionar algunos libros que te hayan gustado. Si a mi me preguntaran que libros me han gustado podría poner una larga lista, desde obras clásicas cómo La Iliada y La Odisea, o Paradise Lost,  novelas como El Conde de Montecristo, El Tulipan Negro, La Ladrona de Libros, libros de historia como  A Short History of Nearly Everything, La Historia del Mundo en Seis Tragos, Los Diez Experimentos Más Hermosos de la Ciencia, biografías de personajes como Newton, Lincoln, Gandhi, Mandela, hasta libros más científicos sobre química y biología, o el que estoy leyendo ahora que se llama Influence (y cuya portada es la primera imagen que sale en Google al escribir la palabra “influence”). Pero si me preguntan cuales tres son los que más me han marcado, ahí la respuesta se hace más lenta y se limita. Tal ves estos libros me han marcado de alguna manera u otra pero no podría yo, más allá de ir moldeando mi forma de escribir que algunos de ellos han tenido, decir cómo han marcado mi vida, o cual lo ha hecho más. Si la pregunta es cuales libros han marcado más mi vida, la respuesta cambia drásticamente. El primero (y ya me imagino las reacciones que esto va a causar) es la Biblia. Y para que lo sepan yo si la leí completa, y más de una vez. Pero el decir que la Biblia es el libro que más ha marcado mi vida va más allá de un intento por ser espiritual. La Biblia me ha marcado no sólo por los valores que me ha dado y por convertirme en gran parte en la persona que ahora soy, sino porque desde que era pequeño, fue en una forma la Biblia la que causó que mis papás decidieron educarme en la forma que lo hicieron, la Biblia fue una de las partes más importantes de mi escuela y la Biblia fomentó mi interés por conocer los orígenes, que después terminó en mi curiosidad por la química. El otro libro que estoy consciente cómo me marco fue una biografía de Michael Faraday, de la que no recuerdo el autor (y lo digo sin pena), pero de la que estoy muy consciente la influencia que tuvo en mi para elegir mi carrera. Fuera de esos otros libros me han dejado influencias, ideas, entretenimiento y conocimiento. Pero insisto, más que mencionar libros, en esta pregunta habría que ir más allá y entender cómo nos han influenciado, y eso es más difícil.

Pero no, a pesar de mi largo párrafo sobre los libros que me han marcado, mi comentario no trataba de justificar a Peña Nieto diciendo que seguramente si había leído y que sólo estaba meditando su respuesta. Después de todo, en su precipitada respuesta no dio la razón por la que los libros que medio mencionó lo marcaron. En estos momentos si creo que Peña Nieto no lee. Pero mi comentario iba en el sentido de que a mi parecer las burlas, comentarios, imágenes de librerías Gandhi (muy divertidas por cierto) y demás tenían más la intención de hacer sentir bien a las personas que lo ponían que una verdadera preocupación por la falta de cultura en nuestro país. Es decir, la lógica es: si yo me burlo de Peña Nieto, automáticamente soy mejor que él y eso me da derecho a limpiar mi consciencia respecto a que este país no avance. Mis sospechas aumentaron grandemente después de leer un artículo en Proceso titulado Peña Nieto en su jugo. Cuando llegué a la parte que habla de la esposa de Peña Nieto, después del escándalo del tweet (o tuit) de su hija, ya odiaba yo a toda su familia. Lo que me impresiono fue que al final, después de haber publicado información sin verificarla en una revista que se supone es de las más serias de México, el autor “aclara” que la información de los tweets de la esposa de Peña Nieto es falsa. Ya sea por mala fe, por no leer bien, por leer y recordar sólo lo que se quiere escuchar, o porque se leyó el artículo antes de la aclaración, vi por varios lados los supuestos tweets de la esposa de Peña Nieto. Entonces mi pregunta se convirtió en: ¿Entonces la idea es pegarle a quien odias sin importar si es verdad lo que dices? Y otra pregunta: ¿No se dan cuenta que si empiezan a publicar información falsa al rato nadie va a saber cual es cierta y cual es no y eso va a ayudar al que cometió el error en un principio?

En conclusión: creo que Peña Nieto, que para empezar no merece estar donde está pues claramente ha sido impulsado por un pequeño grupo de gran influencia, cometió un gran error. No sólo demostró su falta de cultura (honestamente creo que si hubiera respondido a la pregunta de una forma similar a la que la expliqué, las críticas hubieran sido mucho menores) sino le faltó aceptar que no sabía. Pero eso no justifica que todos los mexicanos lo critiquen en lo que a mi me parece un afán de limpiar sus propias consciencias. Sería maravilloso saber que los mexicanos leen tanto como han criticado, pero no lo creo. Por eso mi disgusto a tantas críticas y comentarios no se debe a que simpatice con Peña Nieto sino porque creo que los mexicanos estamos buscando una salida fácil que nos libre de nuestra responsabilidad en lugar de contribuir con nuestra parte. No digo que sean todos, pero creo que es más extendido de lo que muchos aceptarían.

Para terminar dejo un par de preguntas:

¿Qué es más útil, recordad el título y autor de un libro, o el sacar aunque sea algo pequeño de su contenido?

¿Cómo los ha marcado el libro más influyente en sus vidas?

Querida Andrea

Querida Nea,

No pregunto cómo estás, porque no es necesario. Durante este último año (mas un par de semanas que ya estabas muy malita y no pudimos hablar) te he extrañado bastante. Por experiencia propia se que perder a alguien es muy diferente estando cerca que estando lejos. Una de las principales diferencias es que estando lejos es más común el sentimiento de que no es real. Demasiadas veces te incluyo en mis planes para cuando visite México para unos minutos después recordar que no será posible. Y cuando sueño hacemos tantas cosas, cómo cuando éramos niños. Te veo ahí disfrutando, riendo, jugando, y cuando despierto no siempre estoy consciente de la realidad. Ahora que te estoy escribiendo estoy cocinando una cena de Thanksgiving para mis amigos, y pocas cosas me recuerdan tanto a ti como cocinar. ¡Cuantas cosas deliciosas preparábamos!

Ahora que sabes un poco más cuanto te extraño, espero que entiendas por qué te estoy escribiendo. Si todavía estuvieras aquí te hubiera contado poco a poco, pero ahora de una sola vez trataré de contarte lo que me ha pasado en el último año.

Obviamente todo empezó con esa llamada fatídica. Yo estaba trabajando con mi equipo en un proyecto cuando sonó mi teléfono. Por la hora que era en México sabía que eran malas noticias. Me desaparecí unos quince minutos, pero no tuve otra opción que volver con mi equipo y seguir trabajando. No les dije nada de lo que acababa de pasar. Aunque fue un momento triste para mi, más triste era saber cómo sufrías cada día.

Las siguientes semanas no las recuerdo muy bien. Me imagino que sólo estaba esperando mi viaje a México. Mi visita fue un poco extraña. Si todavía hay veces que no me cae el veinte, imagínate estando tan reciente. Esa Navidad fue definitivamente una de las experiencias más raras de mi vida. ¿Cómo se puede estar feliz y estar triste al mismo tiempo? Yo se que tu hubieras querido que todos estuviéramos felices pero al mismo tiempo todos te extrañábamos demasiado. Pero si las personas más alegres no podíamos sonreír eso hubiera sido cómo un segundo funeral, y los que si habían estado para el tuyo no lo merecían. Durante varios momentos en esa cena estaba llorando por dentro y sonriendo por fuera.

Me regresé a Holanda el último día del año, pasando año nuevo en el avión. Obviamente el año nuevo más raro que haya vivido.

Al poco tiempo de volver a Holanda empecé a trabajar en mi tesis. Aunque simultáneamente he tomado cursos, es lo que ha consumido la mayor parte de mi tiempo desde entonces. El curso más interesante que tomé en la primera mitad del año es uno de improvisación de teatro. ¡Es demasiado divertido! Y si alguien hubiera disfrutado tomarlo conmigo esa hubieras sido tu.

Para el verano vino Pablo, nuestro primo favorito. Estuvimos viajando en tren por Europa y tuvimos muchos momentos muy divertidos. Tu nos conoces demasiado bien y seguro sabes que nos la pasamos riendo y haciendo tonterías la mayor parte del tiempo. También vimos lugares muy bonitos y otros muy impresionantes. Creo que el Guampo aprendió también un poco de historia y yo un cero de arquitectura.

Cuando Pablo se regresó a Canada, yo volví a mis trabajos. Últimamente paso mi tiempo trabajando y con mis amigos. Me mudé a una nueva casa donde vivo con dos de mis mejores amigos, lo cual es muy divertido. Estoy muy agradecido porque estando lejos tener amigos así es lo más cercano a encontrar una segunda familia.

Además de lo que ya te he contado tengo unos secretos que no le debes mostrar a nadie.

He conocido varias chicas que me han gustado. Algunas más simpáticas que otras. Por alguna razón las que más me gustan por lo general son griegas, pero también ha habido una italiana o dos por el camino. Pero aunque me han gustado ninguna me ha enamorado todavía. A veces ustedes son demasiado complicadas y ahora no estás tu para explicarme un poco.

Mi otro secreto es que estoy aprendiendo a bailar. ¡Imagínate que se enteraran mis papas! Probablemente lo hagan y ya tendré que lidiar con ello, pero bueno. Si, estoy tomando unos cursos para bailar salsa. La verdad es que lo disfruto mucho. Es muy divertido y la música me gusta más de lo que me hubiera imaginado en un principio. Se que bailar era una de tus pasiones, y aunque tristemente nunca podremos hacerlo juntos, se que te daría gusto saber que estoy aprendiendo.

Te dejo por ahora, no porque no quiera seguirte contando, sino porque se me va a quemar lo que tengo en el horno y ya llegó la hora de poner el pavo.

Te extraño y te recuerdo mucho,

Roger

Año nuevo, cuarto nuevo

Si, ya se que ya va un mes del 2011 y yo todavía no he escrito nada. Y con lo que se había acumulado del año pasado pues ya era demasiado, casi cinco meses sin escribir nada. Todo se dio después de mi visita exprés a México a mediados de septiembre cuando mi prima (a la que le dediqué un post y que era una motivación importante para mi escritura) empezó a empeorar en su salud hasta que el 25 de noviembre falleció. Fueron momentos difíciles y mientras estuvo enferma no quise escribir por ella y después por mi familia.

Pero bueno, pasando a algo un poco más alegre (o al menos menos triste), hace un mes que estaba saliendo de mis primeras vacaciones en México después de un año y medio. Llegando estaba yo ocupado en terminar algunas tareas y en especial un proyecto de todo un semestre que tenía que terminar para la segunda semana de enero. Después de eso fue hacer la presentación y después de eso todavía una tarea más. Pero hace cómo una semana terminé por fin todo lo que tenía urgente (porque en realidad nunca acabo) y decidí descansar un poco de la escuela. Descansar bien sólo lo empecé a hacerlo hasta después de los juegos de campeonato en la NFL. Por si alguién se pregunta, mis favoritos eran Green Bay y los Jets, ahora en el Super Bowl le iré a Green Bay (pero del Super Bowl hablaré probablemente después).

Lo que quería decir y de lo que (cómo siempre) ya me he desviado bastante es del hecho de que decidí hacer una “remodelación” en mi cuarto. Me tomó varios día pero estoy muy a gusto. Con mi escritorio viendo hacia la ventana en lugar de la pared y mi cama lejos de la ventana para evitar el frío siento que tengo más energía cuando debo trabajar (o al menos no me repele tanto la idea) y duermo mejor. También ayuda a la apariencia total que lavé y guardé toda la roa que tenía pendiente, que reacomodé toda la comida traída de México que tenía regada por todo el cuarto y que hice una limpieza exhaustiva de papeles. Eso sí, cómo siempre, la cama está destendida.

Y hablando de comida, ya preparé dos veces tortillasl La primera vez, un experimento en el que hice sólo unas pocas para mi, salió bien, pero no excelente; pero la segunda vez quedaron muy bien las quesadillas fritas que hice para mis amigos (con rellenos de queso, hongos, papa y pollo). El único problema es que me sobró demasiada masa y no se que hacer con ella. Aunque ayer ya usé un poco para preparar un delicioso desayuno que consistía en una base de tortilla frijoles y jamón sobre la que había unos huevos estrellados y una salsa de achiote con unas gotas de salsa de habanero. No es por nada pero lo disfruté tanto que hasta pensé en empezar un restaurant. De hecho no es la primera vez que lo pienso (eso o la idea de una cadena de comida frita mexicana pues los holandeses parecen disfrutar demasiado las frituras en general), pero bueno eso es historia de otro día.

Por hoy me retiro a trabajar aunque sea un poco, leer un artículo y ver si le puedo sacar provecho. Estoy conciente de que tal vez no fue el mejor post que he hecho, pero después de tanto tiempo aunque sea sirve para calentar. Espero estar de regreso más regularmente, pero no prometo nada.

Llegando a Thesaloniki

Cuando llegamos a Thesaloniki eran como las 12 del día, según el reloj local. Yo no sabía pero resulta que en Grecia es una hora más tarde que en el resto de Europa. La segunda diferencia fue el alfabeto. No era nada nuevo para mi, y con la práctica de tener más de diez maestros pues puedo leerlo más o menos fluido y con un acento decente. El problema es que no entiendo ni una décima parte de lo que estoy leyendo. Por lo menos una palabra era fácil: “ΕΞΟΔΟΣ” (EXODOS) quiere decir “SALIDA” y pues esos eran los letreros que había que seguir.

Salimos a la sala de llegada y buscamos algún medio de transporte. Hasta ese punto de nuestro viaje sólo habíamos usado transporte público para conectar nuestros destinos. Aún en Milano, que el aeropuerto estaba un poco retirado había unos autobuses, cuyos boletos se vendían en cualquier puesto cercano a la terminal, que te llevaban directo hasta allá. Aquí era un poco más complicado, principalmente porque no tenía idea de a donde íbamos y porque no entendíamos nada. Tomé mi teléfono y llamé a Christos. Le pregunté como podía ir del aeropuerto a la ciudad. En lugar de explicarme me dijo que lo esperara y que vendría por nosotros. No esperaba eso, no tenía porque hacerlo, pero fuimos a conseguir algo de comer (no habíamos desayunado todavía) y nos sentamos a esperar. Poco después de que nos terminamos el “pay” de queso llegó Christos. Salimos del aeropuerto y fuimos a su carro. Excepto por el taxi fallido que habíamos tomado en Rotterdam, este era el primer auto que me subía desde la cena de acción de gracias el año pasado. También era la primera vez que me sentaba en adelante en más de un año.

Fuimos del aeropuerto a la ciudad. Estaba bastante cerca. En lugar de ir directo a casa de Aris, donde nos íbamos a quedar, dimos un pequeño tour por la ciudad. Sin entrar en demasiadas comparaciones, la ciudad se me hizo un tanto parecida a Acapulco, aunque tal vez fuera sólo el clima. Hacía un calor y una humedad enormes y aún así no me sentía agobiado y hasta lo estaba disfrutando. Me imaginé que un año de mal clima me hizo más receptivo a un clima en el otro extremo.

Después de dar el pequeño tour llegamos a casa de Aris. La zona era de calles muy angostas.  Apenas había espacio para que pasara un coche a la vez y de vez en cuando se hacía un poco más ancho para que se estacionara uno que otro carro. Todo estaba empinado porque la casa estaba en la ladera de una colina. Las casas, eran todas parecidas, altas y angostas, por lo general de tres pisos, y como comprobaríamos más adelante cuando salimos a caminar esta forma de construir es muy inteligente porque da sombra en toda la calle y hace que caminar por ahí sea mucho más fresco que en las calles grandes y abiertas.

Llegamos a casa de Aris y conocimos a su mama. También estaba ahí María, la novia de Aris, que yo ya conocía porque ha visitado Delft un par de veces. Casí lo primero que ocurrió es que nos ofrecieron algo de comer. No recuerdo si fue pastel, o eso fue después de regresar de comer, pero de ahí en adelante no pasaban diez minutos sin que nos ofrecieran algo.

Salimos a caminar alrededor del vecindario de Aris y subimos hasta la parte más alta de la colina. Estábamos justo en la esquina de lo que era la antigua pared de la ciudad. Siguiendo toda la pared hasta abajo se veía la “Torre Blanca” que era el inicio de la muralla y estaba junto al mar. Desde el punto donde estábamos, a la derecha y abajo era la antigua ciudad. Atrás y a la izquierda estaba la muralla, y del otro lado de la muralla es la ciudad nueva. Al fondo se ve el mar. Y cómo decía Christos: “Si quieres, al otro lado del mar se ven las montañas.” Pero realmente tienes que querer para que se vean.

Thesaloniki

Después de caminar un rato ya teníamos hambre. El pay del aeropuerto y lo que habíamos comido en casa de Aris eran apenas pequeños bocados que intentaban retrasar nuestra hambre, pero llegó un momento en que ya era demasiada. Fuimos a un lugar muy pequeño. Uno de esos negocios familiares que en México normalmente sólo servirían comida corrida. Cuando nos preguntaron que queríamos comer, les dijimos que ellos escogieran y nosotros probaríamos. ¡Pero que comida más deliciosa! Sólo de acordarme se me hace agua la boca y me rugen las entrañas (también porque ya tengo un poco de hambre). Empezamos con los platos sencillos: tzatziki, ensalada, queso derretido, todo con el más delicioso pan recién horneado. Todo iba al centro y así compratíamos y probábamos todos los platillos. Luego vinieron un par de guisados, uno de carne de cerdo o de cordero, no lo recuerdo que se convirtió de inmediato en mi favorito aunque no lo pude volver a encontar. Cómo si eso no fuera suficiente luego vinieron las “croquetas” y las “salchichas”, que no se bien cuales eran sus nombres pero eran parecidas, que combinábamos o con mostaza o con tzatziki. Ah, y de acompañamiento en todo esto, papas a la francesa pues, según aprendimos en el viaje, los griegos NECESITAN comer papas cuando comen carne para “empujarla”.

En Grecia la comida no se trata sólo de comer lo más que se pueda. También es una plática eterna que se extiende, con gente que llega y gente que se va y así se va formando una rotación y la mesa nunca se vacía. Nosotros nos quedamos en toda la rotación y así, aunque llegamos sólo Christos, Aris, mi hermano y yo. Nos tocó que llegara María, la mama de Aris, la hermana de Aris y su novio, que se fuera María y que llegara (cómo si no lo fuera a imaginar) un Dimitris. El chiste del Dimitris es dificil de entender si no han convivido con Griegos, especialmente en Delft, donde yo conozco al menos ocho de ellos.

Después de varias horas de comida regresamos a casa de Aris, donde otra vez nos ofrecieron algo de comer, esta vez helado y melon mientras la plática seguía en la sala. Han de haber sido las ocho o nueve de la noche cuando bajé a darme un regaderazo antes de bajar la colina a un lugar lleno de gente donde aparentemente todo mundo va ya más tarde pues nos encontramos gente que hasta yo conocía. Después regresamos a la casa de Aris y nos acostamos listos para el siguiente día.

Milano 1: Duomo y Panzerotti

Me desperté como a las cuatro y media de la tarde. Me tardé un poco en recordar donde estaba. Era el cuarto de Steph. Me levanté y fui al cuarto de Nicola, ahí estaba dormido mi hermano. Lo desperté y decidimos salir a conocer Milan.

Antes de irse, Nicola me había explicado cómo llegar al Duomo, al castillo y a un lugar llamado Luini donde nos prometió encontraríamos algo delicioso.

Caminamos unas dos cuadras de casa de Nicola al metro. Unos diez o quince minutos más tarde nos bajamos en la estación de San Babila, donde empieza el “Corso Vittorio Emanuele II”, que es la calle que conduce al duomo. Esta calle está llena de tiendas, restaurantes y turistas. Por falta de tiempo, la única tienda que visitamos fue la del Milán. Caminamos toda la calle y sólo nos desviamos para ver si encontrábamos el famoso Luini, que está cómo a una cuadra del duomo. Regresamos al duomo antes de comprar algo de comer porque vimos que no estaba tan lejos y que sería bueno esperar un poco para hacer hambre y que no nos fuera a dar hambre más tarde.

Regresamos al duomo y lo rodeamos. Es difícil describirlo con palabras, así que mejor les dejo unas imágenes.

La verdad es que el duomo es impresionante y aunque no se alcanza a distinguir bien por todos lados está lleno de estatuas que impresionan por la cantidad y el detalle que tienen.

Mientras tomábamos las fotos, sucedió un incidente interesante. Le tomé una foto a mi hermano y alguién se acercó a ofrecernos tomarnos una foto a los dos juntos. Le que sí, que muchas gracias y nos la tomó. Cuando me regresó la camara me dijo, “Two euro cofee,” y extendió la mano como para que le diera dinero. Me le quedé viendo como diciéndole, “¿estás loco o qué?” Osea, había una multitud de turistas a cualquiera de los cuales les podía haber pedido el mismo favor y él me quería cobrar por tomarme una foto. Después de decirle que no varias veces se bajó a “one euro coffee” pero le seguí diciendo que no hasta que se enojó y se fue.

Después de caminar alrededor del duomo y admirar la plaza que está enfrente, fuimos a Luini por nuestro panzerotti. El panzerotti es como una empanda, pero la masa es más parecida a la de la pizza. El caso es que estaban realmente deliciosos. Yo pedí uno de jamón  y mi hermano uno de queso con tomate. Con nuestra delicia en mano caminamos por la Galería Vittorio Emanuele II (me salgó rápidamente del ralto para decir que después aprenderíamos que Vittorio Emanuele II aparece por todos lados en Italia). La galería, igual que la calle, está llena de tiendas y restaurantes caros, pero según Nicola ninguno tenía algo tan delicioso como lo que llevábamos en la mano. Lo único disonante en este lugar era la presencia de un McDonald’s justo en el centro de la galería, lo que me llevó a hacer un típico reclamo Italiano.

Después de la galería regresamos a la plaza del Duomo y caminamos cómo si viniéramos siguiendola misma calle que venía del metro y pasaba por el Duomo. Después de un rato llegamos al castillo. Justo antes de llegar compramos un helado Italiano  y seguimos caminando. Quisimos pasar al castillo, pero por la hora ya estaba cerrado, así que sólo lo rodeamos hasta llegar a un parque (haciendo otro paréntesis, hablaré más sobre el castillo cuando cuente la segunda visita a Milano). Caminamos por el parque un rato hasta llegar al otro lado, donde estaba un arco, el Arco de la Pace. Cuando llegamos ahí ya era más o menos tarde y seguíamos muy cansados de nuestras previas aventuras, así que caminamos al metro más cercano y regresamos a casa de Nicola.

Ya en casa de Nicola, nos dimos un regaderazo y nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos despertamos muy temprano, como a las 4:30 y caminamos hasta la estación central. De ahí tomamos un autobús que nos llevó al aeropuerto de Malpensa y después de esperar un rato partimos rumbo a Grecia.